No es la ropa, es la percha.  

Cuando tienes cáncer hay algo que es bien obvio: Tus prioridades y tu estilo de vida cambian del cielo a la tierra. Creo que las cosas que realmente importan se vuelven mucho más claras, y simplemente quieres estar y sentirte bien. Lo que para mi nunca va a ser negociable es el que deje de gustarme cómo me veo. Podrá ser mi orgullo personal, como puede ser que no le voy a dar esa victoria al cáncer, pero aún sonrío viéndome al espejo. No me engaño, sé que me veo bien diferente, pero diferente nunca tiene porque ser feo. No te miento, extraño mi pelo, pero nunca me he sentido mal conmigo por estar en esta etapa de mi vida, al contrario, siento que me conozco mejor.

Si bien hay muchas lecciones que la vida me ha enseñado a través del tiempo, la que más me ha apoyado en este proceso es “aceptar”, no importa cómo me vea, al yo del espejo. El cáncer tiene sus truquitos para atacar y hacerte sentir peor de lo que de verdad estás, y el que más se nota es la pérdida del pelo, en todos lados, tras el tratamiento. La verdad, nunca estas listo/a para perderlo, aunque la primera vez tuve la suerte de decidir mi calvicie. Una amiga me lo sugirió y le seguí el consejo al pie de la letra. Lo mejor que he hecho, aún si no fue tan fácil como quizás pensé, te cuento:

No buscamos peluquero, mi propia amiga con un abejón fue más que suficiente. Pusimos una silla frente al espejo y primero ví como un amigo se atrevía primero que yo. Hasta ahí todo bien, gracias a Dios el es más cabezón que yo y pudimos burlarnos de algo en un momento que todos sabíamos que iba a marcarme como el día en que mi pelo cayó. Luego me tocó a mi, y nunca imaginaría que verme en el espejo en el proceso me iba a enseñar tanto. Era como ver al cáncer venciendo mientras mi peluca se desvanecía. Comencé a marearme y a llorar, como si el pelo me fuese a ayudar con los efectos de la quimioterapia. Si algún día el espejo me jugó una mala pasada, fue ese día de marzo, hace casi un año. Paramos, y me senté en la camilla de mi cuarto de hospital. 15 minutos después tuve la graciosa idea de que sólo a mi se me ocurre ponerme frente al espejo en un momento que va a marcar un antes y un después en mi tratamiento y en mi vida. Volteé la silla y seguimos adelante. Ahí fue que lo convertí, sin darme cuenta, de un trauma a un simple cambio de imagen.

La verdad es que nadie te prepara para eso, yo tengo la chepa de que me siento cómodo con quien soy. ¿Sabes? a veces es simplemente aceptar la belleza que tenemos, esa que a simple vista no se ve, y sobretodo tener la seguridad de que no depende del atuendo o los adornos que tengamos. Creo que muchas veces somos los primeros que nos criticamos y nos maltratamos antes de salir, por no llenar unas expectativas que honestamente ni nadie llena ni a nadie debería interesarle llenar. Son irreales, y si te sientes inseguro/a de ti, no van a importar la ropa, los aretes o el maquillaje que te pongas, como no van a importar los tatuajes u operaciones estéticas que te hagas.

Si vas a empezar por algún lado, acéptate y ámate tal cual eres. No te enfoques tanto en la marca o los adornos. Intenta lograr estar cómodo en tus zapatos. Eres único/a en el mundo y eso debe ser tu primera razón de piropearte y amarte. Pienso que estamos tan pendientes de cremas y perfumes, que se nos olvida alabar la percha “au naturel” cuando nos contemplamos en el espejo o sin que llegue a ser necesario, independientemente de todo.

Te dije que la vida me golpeó, pero nunca te expliqué con quién se metió el pobre cáncer. Y créeme que es con un hombre que no necesita pelo en ningún sitio para amarse y disfrutar de lo que ve en el espejo varias veces al día, aún si es con cabello, o hasta sin cejas.

Yo tengo mi historia, que me pudo haber hundido, pero por decisión propia me sacó del hoyo. A veces no es la historia, es cómo la interpretes y la dejes que te marque. Los eventos son imprevisibles, lo que no tanto son las cicatrices que nos dejan, o a veces lo que significan para nosotros esas cicatrices.

Nadie puede controlar los obstáculos que se nos presentan en el camino, sin embargo, lo que realmente vale es como los enfrentamos. Al sol de hoy, sigo amando cada parte de mi cuerpo y cada cualidad que me hace quien soy, porque al final de día, mi relación conmigo mismo es la que marca las demás relaciones con las personas que me rodean y de alguna u otra forma me han acompañado en este proceso.

Así que a ti que me estas leyendo a través de la pantalla, solo me queda decirte que si estas buscando a alguien que cambie tu vida para siempre o esa persona que se convierta en el amor de tu vida, échale un vistazo a tu espejo mas cercano.

-Luisito Cordero

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